PhD done!

¡Aquí estoy de vuelta! 

Han sido unas semanas de parón aunque no todas precisamente por vacaciones. A mediados de Julio me dieron la noticia del mes: ¡mi tesis había sido aprobada! Y a los dos días me fui para España a preparar todo en dos semanas, desde la impresión de los libros hasta la defensa oral. 

Y al final el 28 de Julio pasó todo, punto final al trabajo de casi cinco años. Pasó… 

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Defensa hecha, mis compañeros ya me llamaron Doc a lo grande xD

Sin embargo, esta entrada no habla de este hito, sino de todo lo que viene de antes y lo rodea, ya que mi carrera investigadora la comencé hace ya 11 años como alumna interna, y son muchos los recuerdos que parecen venirme a la cabeza al haber culminado todo el camino y llegado a mi objetivo último. 

Fueron muchísimas las personas a las que tuve la oportunidad de conocer y con quien trabajar durante todo este tiempo, ya que han sido unas cuantas las disciplinas a las que me acerqué durante el recorrido. Y no sólo estuve rodeada de buenos compañeros, algunos de los cuales se convirtieron en grandísimos amigos; también pude compartir muchas curvas del camino con buenos amigos no relacionados con la profesión que me elogiaron con sus alegrías más profundas. 

Todo ello había quedado sepultado, aletargado en un rincón de mí al haber puesto tierra de por medio. Y el volver a casa para preparar todo, recorrer las aulas que una vez sentí mías, sentarme en mi viejo puesto de trabajo, volver a ver a esos viejos amigos de siempre… Ha sido como abrir una puerta para mirar atrás con un cierto regusto a presente. Y, oh-mein-got, he sido feliz, muy feliz, muchísimo. 

Por raro que parezca, ahora seguir hacia delante me sugiere la sensación de cerrar esa puerta y por tanto de cierta nostalgia, porque toca dejar atrás parte de toda esa euforia para avanzar hacia un futuro quizás algo incierto. Pero con la claridad de que seguiré rodeada de personas excepcionales a las que cuidaré toda la vida. Sin mencionar los nuevos compañeros de esta etapa germana que lo petan (your rock it guys). 

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Pulsera con charms muy especiales, regalo de mis compis germanas

Así que ¿cómo poner por escrito todo esto en el BuJo?  Ni idea. Sólo puedo sentirme honrada por la cantidad de personas bonitas que se han cruzado en el camino y que hacen que hoy pueda escribir estas líneas en su honor. 

Y a ti que estás al otro lado de la pantalla, gracias también por formar parte de este proyecto de cuenta historias más loco y más alejado de la ciencia 😉 

Pequeños baches

Aquí estoy, semi de vuelta. La semana pasada estuve desaparecida y aún estoy bastante out de las redes sociales. Están siendo días de trabajo bastante duros que me están afectando a muchas facetas de mi vida.

El caso es que no quería traer este tema al blog; de hecho, tenía preparado para hoy un post que va mucho más en la temática del bullet journal (así que atentos a la semana que viene). Pero necesito hablar de un tema, básicamente desahogarme. Porque como sólo tengo en la mente “trabajo”, sólo puedo hablar de eso últimamente.

La relación que se establece entre un jefe y un subordinado es clave para el desarrollo de la labor profesional. Cla-ve. Creo que hasta aquí estamos todos de acuerdo. Trabajar en un ambiente donde se favorezca el crecimiento y que ayude a mejorar es lo mejor que nos puede pasar profesionalmente. Y si sois trabajadores por cuenta ajena y tenéis un puesto así, por favor, cuidadlo porque es oro en un paño.

Cuando la situación es al contrario y el ambiente lo único que hace es minar tu moral y atentar contra tu propia valía, hay que salir corriendo, pero sin pensarlo. Una retirada a tiempo también es una victoria.

Yo estoy atrapada en una relación de este estilo, a pesar de que tiene los días contados. Cometí el error de asumir el papel de “me callo y aguanto hasta que pase” hace tiempo y ahora estoy atrapada doblemente: enfadada por tener que aguantar y enfadada conmigo misma por haber adoptado esa postura.

Esto se traduce en que estoy al borde de la extenuación mental. Estoy cansada de aguantar tratos que para mí distan mucho de ser profesionales. Pero aún más estoy cansada por haber permitido que alguien me hiciese sentir mal. Desde luego no soy perfecta, pero precisamente quiero rodearme de los que tienen más experiencia y aprender para mejorar.

La suerte (o no suerte) ha querido que la forma de aprendizaje en este camino haya sido un auténtico fracaso. Me consuela saber que en unas pocas semanas todo habrá terminado y se pondrá por fin punto y final a esta etapa. Sólo espero sacar algún aprendizaje de todo esto.

Comparaciones

¡Buenos días señores!

Hoy vengo con una entrada cortita pero con una pequeña reflexión sobre las comparaciones. Las comparaciones son odiosas, ya nos lo decían desde bien pequeños y aun así, alguna vez ha caído alguna perla tal que “mira tu prima, ella sí que…” o “mira tu hermano, él sí que…”, u otras por el estilo.

He de admitir que en mi caso, raras eran las veces, pero sí alguna que otra como para que se me quedara grabada en el subconsciente. Si a eso le sumamos un pequeño punto de autocrítica (algunas veces destructiva), el conjunto es precioso para minarte la moral.

Con mi BuJo no es menos; me encanta inspirarme en diseños y formatos de otra gente. El problema es que cuando vuelvo a mirar el mío siempre me queda ese sentimiento de “meeeeeeh, los otros son mucho más bonitos” (y quien dice bonitos, dice cualquier otro adjetivo que implique que el resto son más mejor”).

La misma sensación tengo tambien a veces en otros aspectos de la vida, más si cabe con el auge de las redes sociales, donde todo parece que es mejor, más happy y lleno de aventuras que tu propia vida, normal y corriente.

Pues hoy quiero ponerme en pie de guerra contra este sentimiento. Quiero invitarte a ti, detrás de la pantalla, que si a veces te pasa lo mismo, te unas a mi. Que por una vez seamos más benevolentes con nuestra vida, nuestros detalles, esos que nos hacen ser lo únicos que somos. Que nos valoremos un poquito más y que agradezcamos por todo el camino recorrido hasta ahora.

¿Qué me decís, os unís a mí?

😉

Adiós bici, adiós

Esta semana me robaron mi bici. Sí, y el disgusto que me he llevado ha sido mayúsculo.

Era una bici de segunda mano que había conseguido bastante bien de precio y estaba MUY bien para los poquillos euros que pagué. Tengo que reconocer que me dio algún susto que otro que llevo tatuado en forma de cicatriz, pero al fin y al cabo era mi bici mimada.

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El primer día que fui con ella al curro

Siendo brutalmente honesta, pues es una faena, pero puedo seguir haciendo vida normal. Es más, en el peor de los casos, hay quien se ha ofrecido a dejarme su bici si alguna vez la necesito. Pero no es esa la cuestión, la cuestión es lo que significaba para mí.

Cuando me mudé a la ciudad donde vivo ahora, la mayoría de la gente se mueve con ella (o en transporte público) y yo, a mis casi 30 años, ¡no sabía casi montar en bici! Sí, vale, sabía pedalear un poquillo pero mi destreza era muy limitada. Y desde luego no estaba dispuesta a que mi poca habilidad fuera un problema, tenía que vencer mis limitaciones sí o sí.

Así que ni corta ni perezosa empecé a mirar páginas de compra venta hasta hacerme con una. Recuerdo que con todo el cariño del mundo me la llevé para casa dispuesta a darle un lavado de cara con la ayuda de Sr. Novio y me moría de ganas de recorrerme la ciudad entera con ella.

¿Sabéis lo que pasó el primer día que nos fuimos a dar una vuelta por los alrededores? Que me comí una hostia galleta que todavía me tiemblan las pestañas de la que me acuerdo. Me moría entre la vergüenza y el dolor. Pero me levanté, me sacudí la gravilla y a pedalear de nuevo rumbo a destino.

Desde aquella primera vez hubo alguna que otra torpeza más (alguna vez os contaré cuando un hombre me recogió del suelo literalmente…). Pero el resultado siempre fue el mismo: levantarse, sacudirse el polvo y a por más.

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Ir por la calle y que se os rompa el pedal, guapo ¿verdad? xD

Por eso, que me hayan robado la bici no me disgusta por el hecho en sí, sino porque se han llevado lo que para mí significaba tenerla. Era el símbolo que me recordaba que nunca es tarde para aprender algo nuevo, para vencer tus miedos, para salir de tu zona de confort o probar algo nuevo. Y que, como todo en la vida, hay que saber levantarse después de caer.

Querida bici, te echaré de menos

1 de mayo

¡Feliz día del trabajador!

A todos aquellos que se dejan los cuernos día a día para ganarse el pan, a los que disfrutan de su trabajo, a los que luchan por crear un mundo mejor, a los que nos inspiran cada día, a los que poco a poco mueven el mundo, a los que son ejemplo de perseverancia, a los que estudian, a los que estudian y trabajan, a los que nunca se cansan de aprender.

A todos aquellos, hoy: feliz día.

32 velas

¡Feliz lunes!

Hoy vengo con una entrada un poco extraña pero que tenía muchas ganas de sacar fuera. El viernes fue mi cumpleaños y todavía tengo algo de resaca sentimental. No me malinterpreten, me gusta cumplir años, siempre me ha gustado. Y la verdad que echando la vista atrás se me dibuja una sonrisa en la boca. Y si pudiera volver atrás en el tiempo y tener una conversación conmigo misma, esto sería lo que le diría:

“Querida mía,

Déjame empezar diciéndote que eres absolutamente maravillosa. Papá y mamá se habrán cansado de decírtelo y a ti no te habrá servido de nada, pero hazles caso. Está bien como eres, perfecta, al igual que el resto de tus compañeros. Todos tienen ese algo que los hace maravillosamente únicos y tienes que aprender a quererlos con sus bondades y sus algún que otro defecto.

Pero para querer a los demás, tienes que empezar por ti misma. Y para eso te voy a decir algo: No tengas miedo; o bueno, tenlo, pero lucha para que no te venza y plántale cara. Nunca seremos guerreras de primera línea que alcen la voz, pero con que te aferres a la tuya interior, tendrás un norte que seguir y estoy convencida de que no estarás desencaminada. Seguramente me dirás que no sabes muy bien lo que quieres, pero tienes muy claro qué es lo que no quieres. Y eso, amiga mía, es un arma tan poderosa como cualquier otra, créeme y créetelo.

A estas alturas de la vida Papá se habrá cansado de decirte que el mundo es una selva y que tienes que disfrutar mientras todavía estás en la jaula al abrigo de la familia. Y no está mal, disfruta, pero te diré algo: la selva de la que hablaba Papá es muy relativa. Vive tan intensamente como puedas (sé que lo harás), no dejes que nadie apague la pasión que llevas dentro y no dejes de sonreír como has hecho hasta ahora. Verás que así la selva es mucho más llevadera.

Descubrirás con el tiempo que eres mucho más fuerte y valiente de lo que pensabas. Y no te voy a hacer mucho spoiler, pero encontrarás a alguien especial que te lo haga ver. Huye de quienes te hagan creer todo lo contrario (fus fus lagarto). Y descubrirás por esto mismo que te pareces mucho a Mamá. Descubrirás en ella una persona nueva en la que querer mirarte, así que por favor, escúchala más a menudo y sobre todo no dudes en pedirle consejo.

Escúchala a ella y a todo aquél que tenga una visión de la vida distinta, parecida o igual que la tuya y escúchales con el corazón abierto porque será una manera maravillosa de crecer y aprender valiosas lecciones. Cuesta, sí, pero es enriquecedor. Igual que costará aprender de las cosas no tan buenas. Alguna habrá de venir, no te voy a mentir. Pero si decides convertirlas en lecciones de vida, llegará un día en que puedas echar la vista atrás y sonreír.

Así que por favor, sé fiel a ti misma, que el qué dirán no te impida hacer lo que quieras y no tengas miedo. O lo que te dije, tenlo, échale cara y sal vencedora.

Te espero a la vuelta de los 32 ;)”

Supongo que todos en algún momento necesitamos ser cariñosos con nosotros mismos, perdonarnos viejos errores y aprender a tener una relación más sana con uno mismo. Creo que para mí este era el momento de hacerlo.

Espero que me perdonéis la ño-ño entrada y que tengáis muy buen lunes 🙂

Lamy Al-Star

¡Lunes!

Lunes previo a Semana Santa, o lo que es lo mismo: unos días de descanso, de quizás viajar a nuevos sitios, de viajar a casa, de estar con la familia. O quizás de quedarse en casa, al calor del hogar, poniendo muestros BuJos al día o deleitándonos un rato con la escritura.

Y es que de escritura hoy va la cosa. En concreto de la escritura con plumas estilográficas. Quizás uno de los mayores placeres que nos aporta el Bullet Journal es poder reencontrarnos con el arte de escribir, o por lo menos a mí me parece que tiene algo de mágico. Y si somos capaces de encontrar un cuadernos y un boli con los que nos sintamos a gusto, ya es la repera.

Para mí, la escritura con pluma estilográfica tiene algún punto de romanticismo. Es como si tuviera que ponerle el doble de atención y cariñó a todo. Tenía ganas de pecar comprándome una y cuando empecé a interesarme en general en eso de “escribir bonito”, la marca Lamy estaba detrás de cada esquina.

Hace dos meses, Sr. Novio tomó las riendas y me regaló una Lamy Al-Star color granate que no puede ser más bonita ni tenerme más enamorada. Es una pluma de gama más bien baja, para principiantes. No estaba segura de si me habituaría de nuevo a la escritura con pluma, por lo que no quería iniciarme en ua pluma muy pro, gastarme una pasta, y que luego se quedara en un rincón.

Como os digo, el color me enamoró pero lo que no me gustó tanto es el plumín con el que venía: tamaño M. Es un tamaño intermedio pero a mí me da la sensación de que deposita mucha tinta y la fricción en el papel no es la que más agradable me resulta. Además, el cuaderno que estoy utilizando ahora mismo no es de mucho gramaje por lo que la tinta traspasa y tengo una sensación de suciedad y borrón que no me gusta nada.

La ventaja de la marca Lamy es que puedes intercambiar los plumines fácilmente. Así que en mi lista de deseos ya estaba apuntada desde hacía unos cuantos días. El caso es que haciendo recados a principio de semana, que nada tenían que ver, el stand de Lamy me miraba en la distancia y acabé cogiendo el plumín F, que sería el inmediatamente más pequeño, y a mitad de precio de lo que había visto en la web, win-win! Sólo llevo unos días experimentando, pero de momento no puedo estar más contenta con el resultado.

Punta_M_F

Otro pro es el grip o boquilla. Mira que he utilizado muchos bolis pilot que vienen con una parte de goma especial para el agarre y siempre he acabado cogiendo el boli más abajo dejando mandando la goma a tomar pol saco, pero el diseño de la boquilla es perfecto y me resulta más cómodo de lo que esperaba.

Por último, otra ventaja importante y a tener en cuenta es que este tipo de pluma es compatible con conversores, es decir, cartuchos de tinta que se pueden rellenar con la tinta a elegir. No era un requisito indispensable, pero me veo dentro de nada escribiendo en colores muy, muy bonitos ¡y eso es genial!

En resumen: me he alegrado mucho con la decisión. Al principio pensé que hacerme con una pluma sería un poco postureo porque no quiero hacer caligrafía bonita ni decoro mis cuadernos. Pero como comentaba al principio, escribir con pluma tiene cierto toque romántico que hace que escribir se eleve a otro nivel. Por otra parte, me gustaría tener una herramienta de escritura que pueda utilizar muchos años por delante, y creo que he encontrado una buena compañera.

¿Alguien más con una Lamy en la sala? Estaría encantada de que me comentáseis.

Hasta entonces ¡feliz día!